Florencia Peña, Felisa Miceli y el poema sobre la boludez de Carlos Pedro Blaquier


Estoy leyendo el libro "Las Blaquier", de Soledad Ferrari. Me detuve en un poema que aparece allí transcripto, acerca de la boludez. Está escrito por Carlos Pedro Blaquier y fechado en 1989, en julio. El libro, con muy buena base de investigación periodística, sugiere que este poema fue enmarcado por su autor, para luego ser entregado a un funcionario del menemismo. 
El día de hoy en Argentina está dominado por un video casero, en donde dos personas recurren al ancestral juego de seducción y erotismo. Lo significativo es que una de las personas pertenece a esa categoría de celebridades. No se entiende tanto morbo alrededor de un video privado, tanta opinión, y, peor, tanta boluda trascendencia.
Otro de los temas en la agenda es la sentencia sobre la ex ministra de Economía, Felisa Miceli, que luego de un proceso judicial que medianamente debería ser rutina, aunque no es nada común, fue condenada a cuatro años de prisión, a ocho años de veda para ocupar cargos públicos, y, acaso lo más significativo, a devolver el dinero que no era suyo. Todo el caso comenzó por una investigación periodística, bajo el comando de Jorge Lanata, uno de los periodistas más parecidos a los pocos periodistas en serio, aunque a veces haga mucho chistes boludos.
Por alguna razón leo y releo el poema de Carlos Pedro Blaquier, un empresario bien peculiar, hoy acusado de colaborar con la última dictadura militar, en casos de torturas y desapariciones de personas, sucedidas en la provincia de Jujuy. Dije que leo el poema. Y acaso no encuentro nada mejor para explicar la diferencia sutil entre la boludez, los boludos, y aquellos que se hacen los boludos o fomentan la boludez, en cualquiera de sus vertientes.
Los argentinos inventamos el dulce de leche, la birome, el colectivo. Y también la palabra boludo.

Y ahora sí, el poema de Blaquier:


La enfermedad, según dicen,
o se cura o es mortal.
No es un principio absoluto,
pero vale en general.

La enfermedad del boludo
constituye una excepción.
Porque nunca mató a nadie
ni ha tenido curación.

Por eso hay tanto boludo
dando vuelta por el medio.
A los que hay que tener lejos
porque no tienen remedio.

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